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Entender bien qué ocurre antes de intervenir es lo que marca la diferencia en cada proceso.
Antes de iniciar cualquier intervención psicológica, logopédica, pedagógica o de terapia ocupacional, conviene comprender bien qué ocurre, y para ello se realiza una valoración personalizada y, cuando es necesario, coordinamos la intervención entre diferentes profesionales.
En algunos casos, cuando desde el equipo se considere necesario ampliar la valoración o exista una solicitud específica por parte de la familia o de quien haya realizado la derivación, esta podrá complementarse con una evaluación más exhaustiva.
Cada persona llega con un motivo de consulta concreto, pero el desarrollo y el bienestar se sostienen sobre varias áreas conectadas entre sí. Durante la valoración exploramos cómo funciona cada una de ellas para construir una imagen completa, ya que rara vez una dificultad aparece de forma aislada.
Analizamos la gestión de las emociones, la autoestima y otros aspectos relacionados con el bienestar emocional.
Valoramos la comunicación, el lenguaje, el habla, la voz y las funciones orofaciales, incluyendo la deglución.
Valoramos la autonomía y la participación en las actividades de la vida diaria (AVD) en el hogar, la escuela y otros contextos habituales.
Exploramos el nivel de competencia curricular, las habilidades de lectura, escritura y cálculo, así como las técnicas de estudio y el aprendizaje.
Examinamos las habilidades motoras y la forma de procesar y responder a la información del propio cuerpo y del entorno.
Indagamos en los procesos de atención, memoria, razonamiento, inteligencia y funciones ejecutivas.
Exploramos las habilidades sociales, las relaciones interpersonales y las posibles dificultades conductuales.
La valoración te orientará hacia una o varias de nuestras áreas, para recibir el acompañamiento en psicología, logopedia, terapia ocupacional o pedagogía sin perder tiempo.
Cuéntanos qué te preocupa
El primer contacto se realiza con uno o ambos progenitores, sin la presencia del niño, niña o adolescente. Esta entrevista nos permite conocer el motivo de consulta, recoger información relevante y resolver las primeras dudas.
Posteriormente, realizamos una primera sesión con el niño, niña o adolescente para conocer sus necesidades, observar su funcionamiento y valorar las áreas que requieren intervención.
Con la información recogida, diseñamos un plan de intervención adaptado a las necesidades de la persona y su familia. Si fuera necesario, se propone una evaluación más específica.
La primera sesión combina la entrevista inicial y la valoración clínica. Durante esta conocemos el motivo de consulta, exploramos las necesidades y objetivos de la persona y comenzamos a definir el plan de intervención.
A partir de esta primera sesión, se establecen los objetivos terapéuticos y el plan de trabajo. Cuando sea preciso, también puede proponerse una evaluación más específica.
Mediante la recogida de información, a través de la entrevista inicial, así como en la posterior valoración en sesión o, si fuera preciso, la realización de una evaluación, se va a determinar qué especialista va a intervenir. Una dificultad de aprendizaje puede tener un origen pedagógico, pero también emocional, del lenguaje, funcional o sensoriomotor. Por ello, nuestro equipo de especialistas observa las necesidades y las analiza en conjunto antes de orientar la especialidad adecuada.
Sí, puedes solicitar una evaluación por iniciativa propia, aunque no exista una derivación previa. No obstante, será el equipo profesional quien valore si la evaluación es el procedimiento más adecuado o si una valoración inicial es suficiente para responder a tus necesidades.
Tanto si realizas una valoración como una evaluación, es recomendable aportar informes previos, pruebas realizadas anteriormente o cualquier otra documentación relevante. Esta información nos ayuda a comprender mejor la situación y a orientar la intervención de forma más precisa.
Cuando se requiere de varias disciplinas, el equipo trabaja de forma coordinada sobre los objetivos compartidos. Esa coordinación interna evita que cada terapia vaya por su lado y favorece un acompañamiento coherente y conectado.
Poner nombre a lo que te preocupa alivia, y hacerlo con el acompañamiento adecuado, más todavía. Cuando algo no avanza como debería, una valoración profesional puede ayudarte a entender qué está ocurriendo y orientarte sobre la mejor forma de actuar.
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