Muchas habilidades se desarrollan mejor cuando se aprenden junto a otras personas. Por eso, la intervención habitualmente se realiza en pequeños grupos cuidadosamente organizados, formados por integrantes con edades, objetivos y necesidades similares.
El pequeño grupo no reduce la atención individual; amplía las oportunidades de aprendizaje. Permite aprender también de las preguntas, estrategias y experiencias de otras personas, algo que difícilmente puede lograrse en una intervención individual. Además, favorece la participación activa, el intercambio de ideas, la motivación y el aprendizaje entre iguales.
Este formato también ofrece oportunidades para desarrollar habilidades como la comunicación, la resolución de problemas, la flexibilidad cognitiva, la autonomía, el trabajo cooperativo y las competencias sociales, aspectos fundamentales para que los aprendizajes puedan trasladarse con mayor facilidad al día a día.
Cada sesión está planificada y guiada por profesionales de la pedagogía, adaptando las actividades, el nivel de apoyo y las estrategias de intervención a las necesidades de cada integrante para que todas las personas puedan avanzar a su propio ritmo en un entorno estructurado, motivador y enriquecedor.